miércoles, 21 de enero de 2009

Tema 2: Literatura de la Roma clásica

TEMA 2: LITERATURA DE LA ROMA ANTIGUA

oIntroducción
Aunque el período durante el que se desarrolla la literatura en lengua latina es extraordinariamente largo, pueden hacerse dos simplificaciones.

Una sería la que se refiere a la literatura que se crea durante la vigencia de la civilización romana (siglo VIII a.C.- d.C.), y la que se escribió después, durante la Edad Media y la Edad Moderna.
Y la segunda, que afectaría al primer periodo que afectaría al primer período que hemos citado, sería la que distingue la literatura romana de antes del contacto con Grecia de la de después de dicho contacto.

Si hay una aportación característicamente romana a la Literatura Universal, es la retórica (arte de elaborar y pronunciar discursos forenses).
Los romanos de los que siempre se ha dicho que eran un pueblo práctico, valoraban de forma extraordinaria este arte porque les era de aplicación cotidiana no solo en la política, sino también en los juicios.

o Épica
Se entiende por épica las manifestaciones que narran con un lenguaje solemne y majestuoso las gestas legendarias de héroes, o los orígenes míticos de un pueblo.
Las obras épicas de la literatura latina son de tipo culto y de autor conocido desde el principio. En el origen y desarrollo del género épico en Roma podemos observar dos características más: la utilización de la historia nacional como argumento épico y la influencia de la poesía alejandrina.

Virgilio (70 a.C.- 19 a.C.) fue uno de los máximos representantes de la poesía latina durante el principiado de Augusto.
Su obra más importante, la Eneida, narra las aventuras de Eneas, el hijo troyano de Anquises y de la diosa Venus, a quién el destino asignó el papel de fundador de la civilización romana.
La Eneida consta de doce libros o cantos.
Los seis primeros tienen como modelo la Odisea de Homero.
Los otros seis libros, se inspiran en la Ilíada de Homero.

o Comedia
La comedía romana imita la comedía nueva griega, cuyo principal autro fue Meandro.
Ambas son comedias de caracteres con un argumento lleno de enredos y con un final feliz.
También suele haber un conflicto amoroso y los personajes son arquetipos.

Los autores romanos partían de un original griego, pero lo trataban con mucha libertad: alargaban o acortaban los diálogos y monólogos e introducían escenas o personajes de otra comedia griego.
En la comedía romana los personajes tienen nombres griegos, los actores llevan vestidos típicos griegos y el lugar de la acción es una ciudad griega
Solo se conservan comedias de dos autores romanos: Plauto y Terencio

o La oratoria
Como los otros géneros literarios, la retórica pasó de Grecia a Roma.
La elocuencia fue en Roma el principal género de la prosa literaria y de la cultura.
La educación escolar estaba enfocada a formar oradores, ya que saber hablar en público era primordial para hacer carrera política.

De los muchos discursos que pronunciaron los oradores romanos, solamente nos quedan cincuenta y ocho escritos por Cicerón y unos cuantos de la época imperial.
Otros oradores nos son conocidos por alusiones y citas hechas por Cicerón, por Quintiliano y Tácito y por gramáticos e historiadores.
El éxito de Cicerón en vida como orador oscureció el valor d otros oradores.

o La lírica
En la literatura clásica, la poesía lírica era un género destinado a ser cantado con acompañamiento de una lira.
Se trata de una poesía de tema intimista y subjetiva, que expresa sentimientos o ideas del autor.
La poesía lírica latina se inspira en los temas y en el estilo de la poesía lírica griega

o Principales autores romanos
Se habla a menudo de una Edad de Oro de la literatura romana, que vendría a coincidir con el reinado del primer emperador (31 a.C. – 14 d.C.)

En esta época coinciden tres literatos fundamentales: Virgilio, Horacio y Ovidio.
Son tan importantes no solo por el respeto que se les tuvo en vida, sino por el muchísimo mayor que recibieron por parte de la posterior, hasta, por lo menos el siglo XIX.
En la Edad Media, Virgilio, era casi un santo, un profeta entre los gentiles.
Ovidio es una fuente de enseñanzas morales, así como Horacio, que será todavía más apreciado a partir del Humanismo.

Autores posteriores de relevancia son el poeta Catulo, el cómico Plauto, el orador Cicerón; y posteriores el filósofo y trágico Séneca, el retórico Quintiliano, el novelista Petronio y el epigramista Marcial.

A continuación se muestra un fragmento de las Metamorfosis, una de las obras más importantes de Ovidio.

Dafne Peneya fue el amor primero de Febo; amor no hijo del ciego acaso, mas de las iras del cruel Cupido. Á éste el Delio, soberbio por su triunfo sobre la sierpe, viera, poco hacía, tirar del nervio y doblegar el arco. « ¿Qué á ti, travieso niño, fuertes armas?» le había dicho; «cuadra á nuestros hombros tal carga, que podemos á las fieras ciertos tirar y herir al enemigo; y que á Pitón ahora, cuyo vientre pestífero yugadas ocupaba tantas, postramos túmido de flechas. Conténtate tú de indagar con tu hacha qué sé yo qué amores, y no aspires á nuestra gloria.» – «Tu saeta á todo, Febo: la mia á ti», dice el de Venus. «Cuanto los animales á los divos ceden, tanto á los míos tus loores.» Y las alas batió, y hendió los aires, y rápido se remontó á la cima umbrosa del Parnaso; desde donde de su rico carcaj alzó dos viras: de obrar diverso: la una el amor huye; la otra lo da; la que lo da, es dentada y su cortante punta resplandece; la que lo fuga, obtusa es, y su caña remata en plomo. Ésta clavó en la ninfa Peneida el dios: atravesó los huesos y médula apolíneos con aquélla. Ama uno al punto: la otra hasta la sombra huye del amador; y en la espesura de las selvas se goza y los despojos de las cautivas fieras, emulando á Diana virginal; ciñe diadema el flotante cabello. Suspiraron por ella muchos: los desprecia á todos, enemiga de la coyunda; y libre vaga la virgen por los densos montes; ni sabe de Himeneo, Amor, connubio. Su padre muchas veces le dijera: «Un yerno tú me debes, hija mia.» Su padre muchas veces le dijera: «Nietos me debes, hija mia.» Empero dice ella odiar las teas conyugales como un delito: y por su bello rostro vierte el pudor su púrpura ligera; los blandos brazos á su padre en torno del cuello anuda: «Dame, padre mío, amado, fruir de doncellez eterna; á Diana diólo el padre.» Aquél consiente. «Mas esta tu beldad lo que deseas, te veda; al voto opónese tu forma.» Febo ama; quiere por esposa á Dafne desque la vio, y espera lo que quiere. Le engañan sus oráculos. Cual arden leves rastrojos: cual la tea abrasa las cercas donde acaso la aproxima el caminante, ó do la tira, al alba; tal el dios vase en llamas; tal su pecho se quema entero, y un amor estéril nutre, esperando. Mira en torno al cuello ondear las sueltas crenchas. «Y si se ornan ¿qué será?» dice. Ve cómo rutilan sus ojos, dos luceros de los cielos sus ósculos ve, y verlos no le basta. Más que los raudos vientos huye aquélla, ni se detiene, cuando así le grita: «Ninfa, te ruego, Peneída, para: yo no te sigo hostil; deténte, ninfa. Así del lobo la cordera arranca; así del león, la cierva; así del buitre, la paloma, temblándole las alas: todas, de su enemigo. Amor me impele á mí en tu pos. ¡Pobre de mí! no sea que tropieces y caigas, ó lastimen tu delicada pierna las espinas, y te ocasione yo el dolor. Parajes ásperos son do corres; la corrida suplícote, modera; ten la fuga: más lento seguiré. Con todo, mira á quién agradas. Morador de montes no soy; no soy pastor; ni aquí vacadas ni greyes guardo inculto. Tú no sabes, no sabes, temeraria, de quién huyes, y por esto huyes. Sírveme la tierra délfica, y Claros, Ténedos; me sirve la regia Pátaras. Jove es mi padre. Lo que es y fué y será por mí se entiende; por mí suenan armónicas las cuerdas. Certera es nuestra vira; pero hay vira que es más certera, y el vacío pecho me ha herido. Yo inventé la medicina: remediador me llaman por el mundo; las virtudes domino de las hierbas.
¡Ay de mí! que ninguna planta cura al amor, ni á su dueño aquellas artes aprovechan que á todos aprovechan.»
Más iba á hablar; pero en medroso curso huyó la de Peneo, y sus palabras, con él, dejó por terminar; y hermosa aun entonces veíase. Su cuerpo los vientos desnudaban; al impulso de la contraria ráfaga crujía su veste; y luego, al alentar del aura, retroflotábale el cabello leve: la huida realzaba su belleza. Empero el joven dios no más blanduras sufre perder; y como va impelido del mismo amor, su huella sigue raudo. Cual ha visto una liebre en campo abierto un galgo, y éste con su planta busca la presa, aquélla, la salud; el perro ya va á cogerla; ya la ve cogida, y estira hasta sus huellas el hocico; la otra no sabe si está presa, y salta de enmedio á los mordiscos y los dientes; – así el dios y la virgen. La esperanza da alas á aquél; á ésta, el temor. Ayudan las del amor al que persigue: él gana, y precipítase, y no afloja, y viene sobre la fugitiva, y en sus hebras, que en derredor de la cerviz se agitan, anhela: desmayada palidece ella; y rendida al vértigo del curso, mira á las ondas del Peneo río, y «Acórreme, mi padre», dice; «oh tierra, ábrete», clama; «ó bien esta figura, que es causa de mi ruina, muda y pierde.»
Apenas esta súplica formula, sus miembros rígidos se tornan; tenue corteza cíñele las blandas carnes; en hojas crece su cabello; en ramas, los brazos; esa planta tan ligera ata raíz inerte, y le circuye el semblante la copa: queda sólo en ella el esplendor. Ámala Febo también así, y poniendo su derecha en el tronco, temblar so la reciente cáscara nota el corazón, y abraza las ramas, cual si fuesen cuerpo, é imprime besos en el leño; húyelos el leño. Y el dios: «Ya que no puedes ser mi esposa, serás por cierto mi árbol: llevaránte, oh lauro, siempre los cabellos míos; te llevará mi cítara, mi aljaba. Tú del Lacio ornarás los capitanes, cuando el ledo concento cante Triunfo, y pompa larga el Capitolio vea. Custodio fidelísimo tú misma el limen velarás siempre de Augusto y sombreando ceñirás la encina. Y como intonsa es mi florida testa, así también tú lleva sempiterno de la lozana fronda el atavío.»
Hasta aquí su peán: el lauro inclina las nuevas ramas y mover parece la cima, cual se mueve la cabeza.